Cómo motivarnos: el motivo de logro y las metas

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“La motivación es la salsa que sirve para todos los platos. Pero si no hay aprendizaje, no hay sustancia que mojar en la salsa”.

Juan Fernández en “Educar en la complejidad

¿Qué cosas nos motivan? ¿Aprender es una necesidad y un deseo? ¿Qué papel juega el logro de metas en la motivación?

Si en el artículo anterior escribí sobre el concepto de motivación y cómo es el proceso motivacional, en esta ocasión me centro en la relación que existe entre las metas, la motivación y el aprendizaje. Hablando de metas, la gran finalidad de esta serie de artículos sobre la motivación es aprender a motivarnos (especialmente a aprender) pero sobre todo, enseñar a otras personas cómo se pueden motivar a sí mismas.

Antes, un recordatorio

Cuando se habla de motivación muy a menudo se suelen mezclar cosas como la fuerza de voluntad, la disciplina, hacer lo que nos apetece, etc. Para evitar confusiones, vuelvo a dejar unas líneas que forman parte del artículo anterior y que contienen principios fundamentales para seguir aprendiendo sobre la motivación:

“no significa que debamos estar siempre motivados para hacer cualquier cosa. No se puede estar el flow continuamente. Habrá cosas que hay que hacer aunque no nos motiven. En estas tareas, la creación de hábitos reducirá el coste energético de tener que hacer lo que toca hacer. Ni todo es motivación ni todo son hábitos o esfuerzo. Sin duda, las tres partes serán necesarias para lograr nuestras metas”.

Y ahora sí, entramos en materia con el apoyo especial de la revisión realizada por Menéndez (2019).

Motivos o necesidades adquiridas

En el estudio de los motivos humanos distinguimos dos tipos: los innatos (hambre, sed, sueño…) que cubren las principales necesidades biológicas para la supervivencia o la reproducción; y los adquiridos, aquellos que se aprenden y se relacionan con el crecimiento potencial de los seres humanos. Entre los motivos adquiridos más estudiados encontramos: el motivo de poder, de afiliación y de logro. En este artículo me centraré en el motivo de logro.

La pirámide de las necesidades de Maslow y la teoría ERC (Existencia, Relación, Crecimiento) de Alderfer son dos de las teorías que más influencia han tenido para explicar los motivos o necesidades adquiridas. Alderfer propuso su teoría en 1972 como alternativa a la pirámide de Maslow para corregir algunos de sus errores. Agrupó las necesidades de las personas en tres categorías y reformuló las relaciones jerárquicas existentes entre ellas.

Años atrás, Maslow siguió una progresión rígida sosteniendo que el individuo subiría de escalón de necesidades cada vez que el nivel anterior quedase satisfecho. Aunque la teoría ERC no funciona en algunas culturas y organizaciones cuenta como mayor validez que la pirámide de Maslow. Su principal aportación es que no es necesario cubrir un grupo de necesidades para poder pasar a cubrir las del siguiente nivel.

Teoría de Alderfer. https://is.gd/ogaj7I

Motivo de logro

David McClelland define el motivo de logro como el interés por lograr un estándar de excelencia. Dicho de otro modo y con más matices, es el deseo de lograr metas por el placer de desarrollar habilidades y haciendo las cosas del mejor modo posible superando criterios de excelencia. Todo ello sin buscar la aprobación de los demás.

Desde este enfoque, el motivo de logro no está centrado tanto en lograr objetivos concretos y sí está focalizado en el proceso y en el desarrollo de habilidades. Como podrás imaginar, estas ideas resuenan mucho con los deseados aprendizajes profundos que deberían predominar en contextos eficientes de enseñanza y aprendizaje.

Mucho se habla de lo importante que es pensar bien en el grado de dificultad de las tareas que hacen los estudiantes. En el caso que nos ocupa, sabemos que a mayor necesidad de logro, mayor motivación general hacia tareas de dificultad intermedia. Por el contrario, personas con tendencia baja al éxito tienden a elegir tareas extremas (fáciles o difíciles).

Al parecer, podríamos incluso dibujar un patrón característico de las personas con alta presencia del motivo de logro: buscan el éxito, emprendedoras, responsables, piden retroalimentación honesta, innovadoras, eficaces en tareas deseafiantes, rinden más con motivación intrínseca, asumen riesgos no extremos, tienen más autocontrol, equilibradas emocionalmente y sociales.

¿Se puede adquirir? Sí. Como vimos anteriormente, es un motivo aprendido. Parece que se puede iniciar entre los 3 y 4 años. Tiene su origen en un ambiente familiar en el que se entrene la autonomía y la independencia del comportamiento. Para ello, es necesario el uso de reglas claras y estrictas; y que se fomente la responsabilidad de las consecuencias. Los hábitos de limpieza y alimentación son buenos ejemplos de ámbitos para desarrollar el motivo de logro desde edades tempranas.

También ayuda: fomentar la autoevaluación realista, mostrar las ventajas de planificar o anticipar, establecer las propias metas de manera realista y priorizar el proceso ante los resultados.

Motivo de logro, aprendizaje y resultados

Debe quedar claro de entrada que sin resultados y objetivos no puede existir motivación.

En este punto, querría llevarte de nuevo al inicio del artículo, concretamente a la cita de Juan Fernández. Es muy importante que ubiquemos correctamente la motivación entre la evaluación, los resultados y el aprendizaje.

Pongo una situación de ejemplo. Un estudiante con alto motivo de logro debe tener la posibilidad de obtener resultados de manera temprana y sentir que está desarrollando su competencia, sin necesidad de pensar en la calificación final. Si el estudiante percibe que progresa y sus expectativas se van cumpliendo, su motivación aumentará.

Como el citado autor comenta con mayor claridad: la motivación no precede al aprendizaje, va después. Por lo tanto, esa idea de “actividad inicial motivadora” al inicio de una tarea o proyecto parece que de entrada carece de sentido real. Como siempre, todo depende y no se puede generalizar.

¿Y cómo conseguir esto?

Héctor Ruiz nos deja en uno de sus libros recomendaciones para mejorar las expectativas,  que tanto tiene que ver con el asunto que nos ocupa. Rescato la recomendación de “ofrecer oportunidades de éxito tempranas” y que ya mencioné anteriormente. El principio es claro: si el estudiante percibe que avanza, sus expectativas por completar un proceso de aprendizaje con éxito se verán fortalecidas. Dos estrategias:

Descomponer una tarea en hitos parciales. De esta manera, el estudiante disfruta de su éxito durante y no solo al final del trimestre o del curso. Imagina que la meta de un atleta es ganar un oro olímpico. Es un objetivo muy lejano. Si quiere mantener niveles óptimos de motivación tendrá que fijarse otras metas parciales que le vayan indicando si su esfuerzo va dando los resultados que de manera acumulada permitirá el logro de su gran meta. Es decir, se motivará con el proceso.

Utilizar pruebas evaluativas parciales de bajo riesgo para que el estudiante tenga probabilidad de éxito. No se trata de regalar nada, pero sí favorecer que pueda lograr un resultado positivo y que llegue pronto. Por ejemplo, si vemos a un estudiante con baja motivación y bajo rendimiento, podríamos diseñar una actividad para toda la clase en la que se tratase un contenido que para este estudiante tenga significado y por el cual sienta atracción. Evidentemente, no se pueden realizar tareas personalizadas continuamente con contenidos “a gusto del consumidor”, pero como ejemplo, puede servir.

En definitiva, debemos ser capaces de crear “oportunidades de éxito adaptadas a cada persona, de manera que siempre se perciba como algo desafiante, pero posible de alcanzar” (Fernández, p.72).

Recuerda

La motivación para aprender no lo es todo, pero sí es importante, especialmente cuando ofrecemos espacios al estudiante para que alcance metas. Si el aprendiz percibe que estas metas son “suyas” y que además el éxito reside más en el proceso que en el resultado, tendremos más garantías de mejorar la motivación de esa persona, lo cual favorecerá posteriores aprendizajes profundos. Esto no es garantía de rendimiento académico, puesto que el diseño de la evaluación influye en “premiar” o no este tipo de aprendizajes. Por lo tanto, la evaluación juega un papel determinante tanto en la motivación como en el aprendizaje.

Recuerda también que la motivación tendrá que ir acompañada de esfuerzo, compromiso y buenos hábitos de trabajo. Las buenas ensaladas llevan más de un ingrediente.